El Ituzaingó invisible: Hospitales fantasma, tribunas que se caen y abuelos varados

El sábado, antes de que Daniel Scioli llegara a encabezar un acto en el predio Traverso, una tribuna cedió ante la presión de la militancia y se vino abajo, dejando varios heridos. Ningún medio pareció percatarse de la noticia. No sería la primera vez que Descalzo logra invisibilizar algo obvio.

El acto de lanzamiento del único intendente que ha tenido el distrito, desde su autonomía en 1995, contó con todo el aparato. Scioli vino acompañado de dos referentes de la interna bonaerense. Estaba todo el pejotismo. Nada de sabbatellismo, el adversario local interno en las PASO.

En horas de la mañana el galpón de la empresa que distribuye alimento balanceado (y que en esta última década pobló de bolsas lo que antes eran canchas de fútbol), comenzó a llenarse de la militancia del PJ, que hace rato dejó las internas para encolumnarse siempre detrás del único jefe.

El problema fue que cerca del mediodía una tribuna se vino abajo y hubo que llamar a varias ambulancias para atender a los heridos. Dicen que sólo fueron cuatro. Esto se sabe por testigos, y no porque algún cronista lo haya publicado tras cubrir el evento, que miraban con asombro esta anécdota.

Al menos el servicio de emergencia funcionó. Es lo menos que se puede pedir en un municipio que hace campaña con una obra faranónica que financia el PAMI (pero que no sería para los jubilados ni se sabe quién lo va a administrar) y que tiene un hospitalito fantasma a pocas cuadras, donde la gente que llega con una urgencia puede morirse tranquila, porque no tiene «nada». Al menos esto es lo primero que adviertió el médico de guardia que atendió a mi madre, cuando la noche del 7 de julio fue socorrida por una arritmia y esperó dos horas a una ambulancia que nunca llegó.

Buena parte de este dramático desenlace personal, que hoy hago público, se debe a que la Emergencias de PAMI no respondió a los llamados, ni del domicilio, ni del hospitalito, donde los médicos hicieron lo posible por salvarla, aún sin insumos básicos y que deberían estar en cualquier oficina pública, ya no una unidad sanitaria. Uno espera de una guardia algo más que una resuscitación manual, excusas y condolencias, en ese orden.

Han pasado varios días de ese hecho, así que estoy  «en frío». Vuelvo a Ituzaingó todos los días y me regalan globos de Descalzo y Scioli, y me entregan libritos de colores, con el hospital del PAMI, que está vacío, pero que de alguna forma van a lograr inaugurar, aunque sea para su tribuna. La misma que a veces cede, como cuando la gente sale a cortar calles por los cortes de luz, o prefiere darle la espalda a la gestión en las urnas.

Ojalá el 2015 sea el fin de un ciclo que continúa por la inercia del poder y nada más. No pretendo un escrache público, aunque sería merecido. Posiblemente sí llegue a una demanda, contra el PAMI, la comuna o ambos, por la memoria de mi madre. No puedo permitir es ser un invisible más.

Hoy mientras el hospitalito de Bransen no tiene ni un desfibrilador (pero el PAMI le envía pacientes que descartan clínicas de la zona), Descalzo puede hablar por la radio pública municipal, entrevistado por su jefe de Prensa, siendo este uno de los pocos espacios públicos que se atreve a usar.

Se atenderá el intendente en la salita de Brandsen? usará las ambulancias vacías de Salud Protegida? Dicen que en realidad ya ni vive en Parque Leloir, sino en Puerto Madero. Dicen que tendría hoteles en el exterior. Dicen que habría comprado una clínica. Hábilmente, Descalzo ha sabido mantener invisible lo que es esencial. Como la queja de los abuelos del Hogar Martín Rodríguez, a quienes los organizadores del acto del PJ llevaron en micro hasta Traverso, pero luego los dejaron de gamba. Scioli llegó en helicoptero. Y seguramente no se enterará de nada de lo que pasó.

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Por Darío Albano