Tras nuevos cesanteos, ex empleados toman el HCD de Morón y amenazan a una funcionaria

Un grupo de ex trabajadores municipales contratados tomaron ayer el recinto del Concejo Deliberante de Morón, en momentos en que se discutía el Presupuesto de 2016. Fue después de que la directora de Niñez y Adolescencia municipal informara nuevos cesanteos y denunciara haber sido amenazada.

La sesión se desarrollaba dentro de los carriles normales, por lo que la irrupción de militantes en el Concejo tomó por sorpresa tanto a los concejales de Cambiemos, como a los empleados del edificio ubicado en Brown y Belgrano. Pasado el mediodía, un grupo de asesores del bloque kirchnerista burlaron al personal de guardia y abrieron la puerta que da paso del hall principal del HCD al corredor que comunica con oficinas y el recinto.

Se produjo allí una discusión con el poco personal femenino de seguridad que custodiaba la entrada y en segundo, una docena de chicas y chicos se metió en pleno debate y fue directo a increpar a la presidenta del cuerpo, Natalín Faravelli, a quien le endilgaban falsas promesas de diálogo y continuidad laboral.

La situación generó, por supuesto, una fuerte discusión entre Cambiemos y el FPV. La jefa del bloque oficialista, Analía Zappulla, culpó por la maniobra a Hernán Sabbatella, y advirtió que se habían vulnerado «los más mínimos códigos de la convivencia democrática». El jefe de la bancada K negó haber organizado la protesta, pero la justificó, al igual que todos sus compañeros de ruta, que culparon al Ejecutivo por los cesanteos.

Durante la sesión el kirchnerismo había preparado el terreno, al decir en varias oportunidades que «en este mismo momento están echando trbajadores de la Dirección de la Niñez». Está claro que tenían un ojo en el recinto y otro en lo que pasaba en la dependencia ubicada en Sarmiento añ 1300.

A esa altura, una de las manifestantes, ante el abandono de su lugar tanto de Faravelli como del secretario del HCD, Rodrigo Maccia, se subió a la Presidencia y tomó uno de los micrófonos. El que estaba encendido. Allí denunció los despidos a la vez que reconoció que se trataba de personal que estaba bajo localición de servicios, «precarizado».

Es notable como el sabbatellismo reclama en Morón, lo mismo que calla en otras jurisdicciones cercanas, como Hurlingham o Ituzaingó (donde es parte de los gobiernos de Zabaleta y Descalzo), o lejanas como Santa Cruz o Tierra del Fuego, donde las gobernadoras del FPV están sobre un polvorín.

En el recinto, una vez que volvió la normalidad, el concejal Cristian Salinas le recordó al sabbatellismo que en el 2000 echaron unos 700 trabajadores heredados de las gestiones peronistas de Rousselot y Crespo. Insólitamente, el concejal Diego Spina, ex funcionario de Sabbatella y de Ghi, lo negó.

«El modelo no les cierra con los trabajadores», denunciaron desde el kirchnerismo, que consideró «perverso, una vergüenza y una absoluta contradicción que el intendente continúe despidiendo trabajadoras y trabajadores de los equipos sociales del Municipio y que al mismo tiempo se trate en el recinto del Concejo Deliberante un aumento salarial».

Los manifestantes no llegaron con ninguna identificación partidaria. Tampoco hacía falta que la llevaran pegada en la frente. El propio bloque K volvió a denunciar que los despidos se deben a una «persecusión idelológica». Eran claramente militantes. Durante el atropello, los concejales del Frente Renovador y el socialismo abandonaron el recinto. Luego relativizaron todo. «Nos tocó vivir un momento muy tenso», expresó Favio Martínez (PS), una vez vuelto a su banca. Durante la arremetida de la protesta, minutos antes, sacaba a una mujer embarazada, como podía, del recinto.

«Va a haber muchas dificultades. Un trabajador despedido es un problema social», afirmó Martínez. El massista Jorge Laviuzza, en tanto, sostuvo que hay cosas que la «Democracia no ha resuelto». A su turno, Spina cuestionó la «Democracia liberal». Lucas Ghi dijo que fue un momento «desagradable, pero más nos duelen los despidos».

El ex intendente fue quien dialogó con los manifestantes y hasta los organizó. Zappulla se lo agradeció, pero insistió en la idea del «sabotaje permanente».

Horas antes, la directora de Niñez y Adolescencia, Antonella Belleri, era increpada en su propio despacho, primero por los trabajadores que a las que le comunicaban que no les renovarían el contrato, y luego por un grupo mayor de 20 personas. La funcionaria denunció en la Comisaría 1a de Morón que fue insultada y amenazada. Le habrían dicho que se «cuide» por la calle y que algunos empleados amenazaban con volver y romper la dependencia.

En el FPV denunciaron 13 despidos nuevos, entre Niñez y la Casa de la Juventud, donde ya hubo protestas en febrero y afirman que ha sido «vaciada».

Belleri también había sumariado a algunos de esos empleados por abandonar su lugar de trabajo y cerrar las puertas del Centro de Desarrollo Infantil de La Gardel el 28 de enero, para marchar a una protesta. Involucró a empleados permanentes como contratados. Algunos fueron luego desafectados.

Por último, denunció que tras el asesinato de Cintia Laudonio ordenó asistir a sus hijos, pero que «ninguno de los 18 profesionales» del área cumplió con esa tarea en una actitud que describió como «desaprensiva». A las 48 horas, en cambio, Nuevo Encuentro marchaba junto a familiares de la víctima.

 

Del caos a la seguridad rigurosa

Ayer,en el recinto, dos cesanteadas habían gritado entre lágrimas que hacía tres meses que no cobraban. «Eso no puede ser. Hay casos de gente que nunca venía a trabajar y el recibo de sueldo seguía saliendo y se cobraba por cajero», respondieron en el oficialismo, que finalmente tomó la decisión de empezar a pagar algunos contratos con cheque, para identificar mejor al personal. Era algo que pedía el massista Martín Marinucci, por ejemplo. En ese espacio hay posiciones divididas. Los más duros creen que, de haber ganado las elecciones, habrían echado de cuajo a todo militante sabbatellista. Pero ayer no lo reflejaron. Sabbatella negó que hubiera un llamado a la «resistencia», aunque, a sus espaldas, algunos de los empleados del Concejo que abrieron paso al escándalo parecían disfrutar la situación, matecito en mano. «Los militantes K tienen años de experiencia y los duermen a estos», había advertido una empleada del HCD minutos antes de la montonera. El viernes, Ramiro Tagliaferro tiene que abrir el período de sesiones ordinarias. Y en este caso el HCD prepara un minucioso operativo de seguridad para evitar otro mal momento en el recinto.

 

El ingreso de militantes interrumpió la sesión