Con la fé de los conversos, Sabbatella salió a defender a CFK por el llamado a indagatoria

El llamado a indagatoria dispuesto para el martes por el juez Claudio Bonadío sobre Cristina Kirchner, hijos, parientes y asociados, en el marco de la causa que investiga lavado de dinero en los alquileres del hotel Los Sauces, generó una enfática defensa de Martín Sabbatella en favor de su jefa.

«Bonadío es parte de la estrategia política del Gobierno, trabaja para Macri y las corporaciones económicas que están saqueando el Estado y aplicando un ajuste muy duro al Pueblo argentino», opinó el jefe de Nuevo Encuentro. Lo insólito no es lo que denuncia, sino de lo que no se acuerda.

El ex intendente de Morón juega su futuro político a heredar el electorado K, que, aunque disminuido, tiene la fe del que se aprende la biblia de memoria. No se puede discutir con él, no se lo puede separar de lo que ha leído y se ha convencido, aunque antes tuvo otro pensamiento u otra vida.

Los Kirchner fueron, durante los ’90, lo opuesto a lo que Sabbatella pregonaba por aquellos años, aliado al socialismo y la UCR. Los kirchner fueron protagonistas de la privatización de YPF durante la presidencia de Carlos Menem. Y 20 años después permitieron (cuanto menos) su vaciamiento.

La nacionalización de la empresa y sus yacimientos sirvieron para tapar el negociado con los fuegos de artificio mediáticos de un imperio que se destruyó por su propio peso. Ese ese sólo un ejemplo del doble discurso que caracterizó a los kirchner. Un discurso que Sabbatella compró, no por ignorancia.

El «joven petardista» que se dedicaba a denunciar al rousselotismo, nunca se metió ni con el duhaldismo, ni con los K, con quienes tejía sólidos lazos, mientras se presentaba en sociedad como el nuevo progresismo argentino. Nunca tuvo tantas pruebas como las que hoy obran contra su jefa.

El titular de Nuevo Encuentro considera que todo es «show judicial el impacto del ajuste, la inflación, los tarifazos, el aumento de la pobreza y la desocupación».

Sabbatella sabe lo que es recibir una administración en rojo y enfrentarse a la corporación del PJ. No la pasó bien en su primera gestión en Morón, pero eso no le impidió tener el crédito de la gente. Sin estructuras ni grandes obras tenía más votos que cuando tuvo todo el poder en sus manos.

No fueron años felices aquellos de la salida de la convertibilidad cavallista. Tampoco Macri recibió el país devaluado que tomó Néstor Kirchner en 2003.

Sabbatella también supo hacer «ajuste», se enfrentó a los gremios y sobrevivió como enemigo de un PJ al que regresó, por convicciones o por su ambición.

«Ellos saben que Cristina es la dirigente política más importante del país, saben de su vigencia y de su convocatoria; saben que ella encarna la amenaza más importante contra la consagración de los privilegios de las minorías y las corporaciones que Macri representa. Por eso la vuelven a perseguir una y otra vez. Es el intento desesperado de las corporaciones por evitar que siga creciendo el respeto y la popularidad de Cristina entre los argentinos y argentinas, y que se consolide la memoria positiva que crece sobre el kirchnerismo», expresó Sabbatella.

Cuando era joven, le tocó enfrentar a un peronismo en franca decadencia política. A Juan Carlos Rousselot lo habían votado tres veces, aún con destituciones de por medio. Esa fe ciega, de gorilismo a la inversa, es la que Cristina y Sabbatella mantienen encendida para intentar no caer más bajo.