Un homenaje que merece un debate más amplio

El Concejo Deliberante de Morón homenajeó ayer a una decena de dirigentes desaparecidos, asesinados o que defendieron los DDH durante los años de plomo en los años setenta. Aunque uno de los protagonistas murió en Democracia y formó parte de un contexto histórico que nunca se revisa.

La sesión se desarrolló en el recinto de sesiones, convocada por la Presidencia, pero con un contenido consensuado con las organizaciones de DDHH. La dirección municipal quedó acéfala, tras la partida de Francisco Mones Ruiz a esa órbita bonaerense, y un coordinador se encargó de pasar los nombres de ayer. La convocatoria es obligatoria, por ordenanza, desde 2010. No hubo debate, aunque sí miradas distintas sobre la lista.

En el recinto el kirchnerismo se mostró en su salsa. El jefe de bloque, Hernán Sabbatella, recordó a esos «hombres y mujeres, estudiantes, profesionales, trabajadores, militantes, vecinos y vecinas de Morón comprometidos con una causa que, en muchos casos, les costó la vida».

En esta última nómina se destacaron las labores de los abogados Fidel Manisse, actual secretario del Club Deportivo Morón; y Martín Gutiérrez, el fallecido ex defensor de Callejeros en el caso Cromañón. Ambos por haber presentado hábeas corpus. El primero militó en el PJ y el segundo en el PC.

Como la mayoría de los desaparecidos de Morón ya fueron homenajeados, la lista incluyó a víctimas de otros distritos, e incluso del Plan Cóndor. Tal fue el caso de Mónica Grinspon y su esposo Claudio Ernesto Logares, militante del Peronismo Revolucionario. Ambos fueron capturados en Uruguay. El hombre estuvo detenido en la Brigada de Investigaciones de San Justo y luego fue trasladado al “Pozo de Banfield”, antes de desaparecer.

Orlando Raúl Llano fue secuestrado de la casa de sus padres el 26 de abril de 1978 en Castelar, es miembro fundador de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos de Mansión Seré y Zona Oeste, y querellante en la causa “Fuerza Aérea” por los crímenes de Lesa Humanidad.

Jorge Daniel Rochistein, militante del Peronismo Revolucionario, fu secuestro y visto en La ESMA. Su esposa María Graciela Tauro, desapareció el 15 de mayo de 1977 en Hurlingham, estando embarazada de 4 meses y medio.

En noviembre de 1977 dio a luz un varón, Ezequiel Roichistein Tauro, quien fue restituido a su familia biológica. La pareja, en tanto, sigue desaparecida.

Conon Saverio Cinquemani fue militante de la Juventud Peronista y fundó la Juventud Trabajadora Peronista de Actores. Estuvo secuestrado en el año 1977, durante 67 días en CCDTyE Mansión Seré. Fundador de la Asociación Ex Detenidos y Desaparecidos de Mansión Seré y Zona Oeste. Fue testigo y querellante en el juicio a los brigadieres retirados Hipólito Rafael Mariani y César Miguel Comes.

María Cristina Guerra militaba en el Partido Comunista. Fue secuestrada de la casa de una amiga en la ciudad de Hurlingham y estuvo detenida desde el 25 de enero de 1978 hasta el 11 de febrero del mismo año. Fue testigo en los juicios que probaron el circuito represivo de la zona oeste y la participación de la Fuerza Aérea en la sub-zona 16. Además, dio testimonio de muchos compañeros secuestrados con ella.

La lista de los homenajeados no termina allí. Tiene un nombre más, que se destaca del resto, porque su desaparición ocurrió durante la Democracia.

Se trata de Carlos Alejandro Le Bas, tío del ex presidente del HCD y militante de Nuevo Encuentro Juan Le Bas. Carlos era delegado gremial en La Cantábrica. Fuentes cercanas a la Dirección de DDHH aseguraron que su nombre no fue propuesto por el sabbatellismo. Tampoco el de Gutiérrez, cuyo hijo agradeció por el homenaje al HCD y a Mones Ruiz.

«El 14 de febrero de 1975 fue secuestrado en su domicilio donde se encontraba junto a su familia. Su cuerpo apareció en Villa Celina, junto al de otro obrero Héctor Noriega, fue asesinado a balazos», describe la convocatoria. Lo que no dice es que corría el gobierno de Isabel Perón. La izquierda peronista estaba en la clandestinidad. Fuerzas paramilitares operaban contra la insurrección. El fuego cruzado detonaría el Golpe.

La izquierda peronista atribuyó el crimen de Le Bas a la Triple A. Ese hecho ocurrió 75 días después de que un grupo armado ingresara a La Cantábrica y acribillara al gerente de personal de la firma, Ramón Samaniego. El asesinato se le adjudicó al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Por ese entonces la interna peronista se dirimía así. A pesar de los años,  y de haber compartido todo, aquella división subyace en el peronismo.

El concejal de Ituzaingó Aníbal Rucci celebró que el peronismo bonaerense se alejara de Cristina Kirchner en el marco de la interna partidaria. Si acaso esto es verdad, lo que agradecía en rigor era que el viernes el PJ de Merlo y la CGT le rindieran homenaje a su padre, José Ignacio, asesinado por Montoneros en marzo de 1973. El relato histórico cambia según quien cuente la historia. Se recuerda a las víctimas, nunca como victimarios.

Ayer no era cuestión de hacer revisionismo. Pero «de ninguna manera reivindicamos la violencia armada como hizo el kirchnerismo», aclararon en Cambiemos. Para quienes se consideran herederos de la «Juventud Maravillosa» no hay nada de qué arrepentirse. Ni antes, ni mucho menos ahora.

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