Un año después, el caso Valente no avanzó y la familia desmiente los indicios de un asesinato

Un año después, las sospechas aumentan en torno al caso de María Teresa Valente, la ex mujer de un importante empresario gastronómico de Ituzaingó y muy cercano al poder político, cuya familia insiste en la teoría de que se trató de un suicidio, a pesar de que las pericias dicen lo contrario. La Fiscalía hace la plancha.

«Taty» Valente fue encontrada sin vida el 19 de noviembre de 2016 a un costado de la pileta de su lujosa casa, ubicada en la calle Udaondo al 3400, en Parque Leloir. La autopsia reveló que fue asfixiada, pero su familia duda del informe. El abogado que la representa es el penalista preferido del intendente, Alberto Descalzo, y además un histórico cuadro del PJ de Morón. Para Luis Rapazzo se trató de un suicidio, a pesar de los signos de ahorcamiento.

Para entender el caso, que no tuvo la difusión de María Marta Belsunce, hay que comenzar mencionando que la muerte llegó después de un divorcio. El ex marido, es Omar Geraige, es dueño de una importante cadena gastronómica. Y fue presidente de la Cámara de Comercio de Ituzaingó.

Eran las 6 de la mañana cuando la empleada doméstica advirtió que la mujer no se movía. Estaba junto a la pileta. La autopsia detectó golpes y rasguños en la cara y entendió que la causa de la muerte se debió a una “asfixia mecánica por sofocación”.

A un año de la muerte, «la causa judicial avanzó muy poco», afirma una investigación del diario Perfil. No hay imputados ni sospechosos y todavía resta conocerse un estudio de ADN a una muestra de sangre que fue hallada en una prenda de vestir de la víctima.

La hija, Valeria Geraige, fue la primera persona que manipuló el cuerpo. Lo arrastró unos metros e intentó hacerle una reanimación boca a boca. Para Rappazzo, la desesperación de Valeria para que su mamá reaccionara explicaría los golpes y rasguños que presentaba el cuerpo.

“La autopsia está equivocada. A esta mujer le hicieron maniobras de reanimación y creemos que la hija, en la desesperación, le agarró el cuello. No hay nada que haga suponer que alguien entró a la casa a matarla. No hay motivo, y además, ella tenía dos episodios de intentos de suicidio anteriores. Una vez se había clavado el cuchillo 16 veces y otra le tuvieron que hacer un lavaje de estómago porque se había empastillado”, dijo el penalista.

El problema es que las causas que tienen que ver con el poder y pasan por la Fiscalía Descentralizada de Ituzaingó nunca avanzan. La mujer policía que atropelló y mató a un menor a la salida de un boliche está libre. La muerte de dos trabajadores que cayeron del techo del GEI tras el paso de un tornado en 2012 y en plena visita ministerial de Alicia Kichner, que había bajado para asegurar ayuda oficial, no pasó de un arreglo económico.

Según la autopcia, “Taty” falleció cuatro horas antes de que llegara la empleada doméstica a la mansión de la calle Udaondo al 3400. Es decir, a las 2 de la madrugada. Ese día la mujer estaba sola. Hacía seis meses que se había separado de su marido. Su hijo Omar, con quien convivía en ese entonces, se había retirado la noche anterior y dormía en la casa de su novia.

Los peritos que revisaron la mansión no detectaron puertas forzadas ni faltantes. Si Valente fue asesinada como indica la autopsia, es probable que el autor sea un allegado de la familia que no sólo conocía los movimientos de la casa: también tenía un juego de llaves. Lo extraño es que no hay ningún vecino que haya escuchado gritos o advertido conductas extrañas en la casa.

Como “Taty” Valente estaba deprimida por la separación de su marido y tenía antecedentes recientes por intentos de suicidio, es que su familia cree que la mujer se quitó la vida tomando calmantes. De hecho, no pasan por alto un dato: el hallazgo de tres blisters vacíos de psicofármacos que tomaba la víctima en el tacho de basura de la casa.

Sin embargo, los médicos forenses destacaron que el cuerpo de la mujer presentaba lesiones en dos arterias carótidas, una señal de que alguien presionó con fuerza el cuello de la víctima hasta provocarle la muerte por asfixia. Como sus labios quedaron lastimados probablemente hayan utilizado una tela para presionar sobre la boca y la nariz.

La última prueba que fue incorporada en la causa es el resultado de las pericias realizadas al teléfono celular de la dueña de casa, que no arrojaron datos reveladores como para establecer si había sido amenazada o intimidada en las horas previas a su muerte.

A un año de la misteriosa muerte en la mansión, las dudas son las mismas que en el inicio de la investigación. Es más, hasta la carátula de la causa sigue siendo igual: “averiguación causales de muerte”.

Valente y Geraige eran socios en dos firmas: Gervsal SRL, dedicada al rubro gastronómico; y GER Brothers SRL. El buen pasar económico tenía que ver con los restaurantes “Punta Leloir” y “Punta Límite”.

 

Fuente: Perfil