Un joven de 16 años, el autor del crimen de Juan Gregorio Díaz

Un joven de 16 que sería amigo de la infancia del hijo (resultó herido también) de la víctima, fue sindicado como autor del crimen de Juan Gregorio Díaz (42), quien resultara asesinado el 7 de junio en Villa Tesei.

A partir de varios allanamientos ejecutados por personal policial de la comisaría local, logró detenerse a un joven de 16 años llamado Ililan.

Lo acusan por la muerte del operario de mantenimiento de un hospital de Ramos Mejía al que le disparó para robarle la moto.

El adolescente quedó recluido en un instituto de Menores de la Plata. Vivía con su madre, que cumple una condena domiciliaria por una causa de narcotráfico.

El caso es similar al de Brian Joel, un menor de 15 años que el 24 de diciembre de 2016 asesinó al adolescente Brian Aguinaco en el barrio porteño de Flores. Brian Joel, al igual que el adolescente acusado del homicidio de Juan Gregorio Díaz en Villa Tesei, era motochorro, su madre estaba con prisión domiciliaria por una causa de venta de drogas y su padre, narcotraficante, había estado preso hasta que fue expulsado del país. Él mismo, tras haber sido declarado inimputable por su edad, fue enviado a Perú para que quedase al cuidado de sus abuelos. Pero, como reveló la nacion en enero pasado, volvió a la villa 1-11-14 durante las últimas fiestas de fin de año.

Cuando tenía 15 años, antes de asesinar a Juan Gregorio Díaz, Ilán había cometido varios asaltos con armas de fuego. Un año después del primer robo concretó el primer asesinato.

Ayer, fue identificado en una rueda de reconocimiento como el autor material del asesinato de Díaz, ocurrido el 7 de junio de pasado en el cruce de Kiernan y Santa Mónica. Díaz se desempeñaba como operario de mantenimiento en la clínica DIM, de Ramos Mejía, y había ido a buscar a su hijo al colegio Santa Marta, situado en el cruce de avenida Gobernador Vergara y Juan de Salazar. El chico cursaba la secundaria en el turno noche. La víctima era el único sostén de su familia.

Esa noche, luego de recorrer cinco cuadras en su moto, una KTM Duke de 250cc, con su hijo de 15 años sentado detrás, Díaz advirtió que lo seguían dos sospechosos en una moto de baja cilindrada. Aprovechando la diferencia de potencia, Díaz aceleró e intentó escapar. La persecución fue grabada por las diferentes cámaras de seguridad instaladas sobre Kiernan.

Díaz intentó escapar, pero no pudo. Uno de los motochorros le disparaba. Un proyectil hirió en un brazo a su hijo; un segundo tiro hizo que Díaz perdiera el control de la KTM Duke y cayera, en la esquina de Kiernan y Orué. En ese momento, padre e hijo fueron alcanzados por los delincuentes. Uno de los asaltantes le disparó a Díaz cuando estaba tirado e indefenso sobre el pavimento. Luego de ejecutar el crimen a sangre fría, los delincuentes tomaron el vehículo y se fueron.

Díaz fue trasladado en ambulancia hasta el hospital Posadas, de Haedo, donde murió cuando era intervenido quirúrgicamente. Su hijo quedó allí internado.

A partir de la reconstrucción del sangriento episodio, los fiscales Claudio Oviedo y Patricio Pagani ordenaron secuestrar las grabaciones de las cámaras de seguridad instaladas sobre la calle Kiernan y habilitaron una línea telefónica para recibir informaciones que pudieran aportar testigos del hecho.

Un llamados acercó el dato sobre dos jóvenes que podrían tener información relativa a los responsables del asesinato de Díaz. Luego de seguir esta pista, los fiscales llegaron hasta la casa de Ilán, situada a tres cuadras de la esquina en la que se cometió el asesinato.

Al allanar su vivienda, los policías encontraron una gran cantidad de droga sobre la mesa, sustancias para “cortar” estupefacientes y una balanza. Las cuatro personas que acompañaban al menor acusado de homicidio también se estaban drogando. En la parte trasera de la casa los policías hallaron una moto desarmada: el vehículo había sido robado recientemente y tenía pedido de secuestro activo.

Cuando el hijo de Díaz enfrentó a Ilán en la rueda de detenidos no dudó. Lo identificó como el autor de los disparos homicidas. Recordaba que el asesino de su padre había actuado a cara descubierta y que tenía ojos celestes, al igual que el sospechoso al que él señaló.

Con respecto al presunto conductor de la moto y cómplice del homicida, fuentes de la investigación indicaron que la policía allanó su casa, pero no encontró elementos que lo comprometieran con la causa o que sirvieran para poder probar su responsabilidad en el crimen. Una de las principales dificultades para identificarlo es que llevaba el casco puesto al momento del hecho.