Coparticipación: Un viaje por la historia reciente de la Provincia de Buenos Aires y la interna peronista

La insólita resolución del conflicto con la Policía de la Provincia dejó a la vista un histórico problema financiero, que va de la mano de las peleas y las internas políticas. Con el peronismo como protagonista casi siempre.

Que dos porteños como Alberto Fernández y Axel Kicillof descubran la «opulencia» de la Capital Federal y la culparan de las falencias en la PBA suena casi infantil. A no ser por la batalla electoral que se lanzó, como una manera de superar la crisis interna y apuntar a un enemigo al que el peronismo, desde intendentes del Conurbano hasta gobernadores, pudieran apuntar con argumentos no muy lúcidos.

Lo más irónico es que Kicillof recibió este más más de $100.000 millones adicionales, sin contar lo que le llegaría por el 1.18 puntos de Coparticipación que unilateralmente el Gobierno quitó a la Ciudad. Y que este año la Provincia recuperó 4 puntos respecto del 2017, producto de los cambios que impulsaron Vidal y Macri en el medio.

La PBA es deficitaria, pero no porque no produzca (aporta el 40% del PBI y recibe el 22%), sino porque ha sido víctima de internas intestinas de poder, en donde gobernadores feudales se quedaron con más recursos que todos los intendentes del GBA juntos, aunque no tengan que darle infraestructura ni a la mitad de los habitantes que gobiernan. Es decir: tienen mucha más plata que votos (no sólo reciben más Copa, sino que cobran impuestos y reciben regalías) y esto ocurre no por solidaridad, sino porque manejan a senadores y diputados.

Al hacer su maniobra, el miércoles pasado, el Presidente explicó que el expresidente Alfonsín «le sacó 8 puntos a la Provincia, con la buena intención de hacer un país más federal». Pero ni la UCR (ni el PRO) tuvieron la batuta nunca. La Coparticipación de 1988 se habrá votado bajo el gobierno de RA, pero fue un acuerdo entre el PJ de la Provincia y los gobernadores los que motivaron la quita. El entonces gobernador Antonio Cafiero aceptó distribuir entre las provincias que apoyaban su plan presidencial una porción de los fondos que le correspondían a su distrito. Así Buenos Aires cedió más de 6 puntos propios.

Claro que duró poco su proyecto. El riojano Carlos Menem se quedó con la interna justicialista y llegó a la Presidencia. En 1991 le ofreció a su vice, Eduardo Duhalde, ser gobernador. Así nació el Fondo del Conurbano. La ley 24.073 estableció que el 10% de lo recaudado por el impuesto de Ganancias se destinaría a financiar obras de carácter social.

La reforma constitucional de 1994, en la que Alfonsín y la UCR fueron partícipes pero en minoría, Menem consigue el aval para ser reelecto y por ende se termina la buena sociedad con el peronismo duahaldista (que a su vez habilitó por ley la división de distritos del Conurbano, sentando a varios intendentes de su ala como Alberto Descalzo)

En 1996 Menem le puso un techo de $650 millones al Fondo del Conurbano. El excedente iría a otras provincias. Con el modelo del uno a uno agotado y un GBA empobrecido, Duhalde fracasa como candidato a presidente, pero llega dos años más tarde como senador tras el empujón que el FMI, el PJ bonaerense y los grandes medios (endeudados en dólares, recibieron un blindaje legal para perder sus activos) le dieron a Fernando De la Rúa. Incluso el ministro de Economía, Domingo Felipe Cavallo, buscó sobrevivir a la debacle con un armado propio en Ciudad de Buenos Aires. El propio Alberto Fernandez integró su boleta de diputados, en un 11° lugar muy poco expectante.

Al asumir Néstor Kirchner, en 2003, con el aporte incomensurable del duhaldismo, comienza otra historia. Lejos de hacer sociedad con Duhalde, no actualiza jamás el tope de $650 millones del Fondo del Conurbano. Echa a Ruckauf y asume Felipe Solá, pero se queda con los intendentes: Provincias beneficiadas por Ganancias y municipios del GBA que recibían obras en forma directa, en vez de a través de la Copa.

Así fue que en 2003 se anunció el plan de Saneamiento de la Zona Oeste. Todavía no se terminó. Para muestra basta un botón. La población creció mucho más que la infraestructura. Y tras llegar a la cúspide económica en el 2007, vinieron diez años de pérdida para la Provincia.

Daniel Scioli, ocho años gobernador, era un aliado electoral perfecto (también porteño) pero incapaz de pelear por la coparticipación que se perdió. En su búsqueda por la Presidencia y sin poder forzar una ley como quería, en 2017 armó una improvisada policía local, donde sumó 50 mil efectivos en apenas dos años. También en su último año de gestión acordó un aumento del 43% con los docentes, en los que le devolvía lo perdido en tres años, el cual que terminó pagando Vidal.

Con la caja seca, la exgobernadora del Cambiemos presionó para que se anule o actualice el Fondo del Conurbano. Con Kicillof como ministro de Economía, la Provincia había tocado niveles históricos de baja coparticipación, aunque no era su papel analizar cómo era el reparto.

Aunque sí se benefició con el cambio. El Fondo del Conurbano se liquidó a fines de 2017. El pacto fiscal le dio a la provincia $21.000 millones para 2018 y otros $44.000 millones para 2019, actualizables por IPC. Recuperó fondos, aunque también aceptó absorber subsidios que pagaba Nación. El diputado porteño Kicillof votó en contra de aquella ley. Mientras que Edenor y Edesur siguen dependiendo de Nación. Ahora: Quién pagará el siguiente aumento salarial?