Una multitud despidió en Acceso Oeste los restos mortales de Maradona, que ya descansan en un cementerio de Bella Vista

Una multitud se congregó sobre la Autopista del Oeste en la tarde de este jueves para ver pasar el féretro donde yacía el máximo ídolo del deporte argentino, Diego Armando Maradona, quien falleció ayer a los 60 años en su casa de Tigre, producto de un ataque cardíaco, en condiciones que la Justicia investiga. Fue sepultado en el cementerio privado Jardín Bella Vista (San Miguel) tras una caótica jornada en Casa Rosada, donde se lo veló por 10 horas.

Fueron miles los que esperaban en Av. de Mayo, en una cola por 9 de Julio que llegaba hasta Constitución, los que esperaban despedir al astro. Otros tantos se acercaron al Acceso Oeste, sus puentes, colectoras, para ver ese cortejo custodiado por las fuerzas de seguridad, y que seguían cientos de motoqueros.

Cortejo que debía tomar por la bajada en Ituzaingó hacia el Camino del Buen Ayre, aunque por desconocimiento o porque no la divisaron, se pasaron y siguieron hasta Moreno, para retomar por Puente Gnecco de vuelta.

En el Jardín también aguardaba un operativo. Y hubo algunos incidentes también. Pero finalmente hubo una despedida íntima, dirigida por las dos hijas mayores del Diez y por su exesposa, Claudia Villafañe. Los hermanos Maradona Ana, Rita, Elsa y Raúl; las hijas del Diego, Dalma, Giannina, Jana y Diego Fernando, Claudia Villafañe y Verónica Ojeda, su sobrino Daniel López Maradona, su exrepresentante Guillermo Cóppola; y el embajador de Italia en Argentina, Giuseppe Manzo, dieron entre otros familiares el último Adiós.

Otros personajes, como la última pareja de Maradona, Rocío Oliva, quedaron afuera de todo. El féretro con los restos de Diego fue llevado a mano a través del parque hasta su morada final, situada a la vera de la tumba de su madre, Dalma Franco, «Doña Tota», y su padre, Don Diego Maradona.

Por delante de todos, en el lado izquierdo del féretro, llevaba la empuñadora Cóppola, mientras que del otro lado se ubicó Raúl «Lalo» Maradona.

El recorrido de unos 50 metros hasta el gazebo blanco instalado sobre la tumba reunió a los asistentes en un responso ofrecido por un sacerdote que fue el primero en llegar al Jardín Bella Vista a primera hora de la tarde, inclusive mucho antes que la familia de Maradona.

Luego de unos 20 minutos, se dispuso el entierro, que al momento de culminar encendió un cerrado aplauso de todos los concurrente a modo de último adiós. Un aplauso como los tantos que supo cosechar a lo largo de su vida futbolística, pero que seguramente no será el último, porque su recuerdo siempre motivará un aplauso para Diego.

Y como la noche siempre le gana al día, el crepúsculo le fue poniendo marco al final del sepelio de Maradona, un acto que concluyó bajo las luces del lugar, que iluminaban el césped tan verde como el que supo pisar camino a la gloria, siempre con una pelota al pie.

Mientras tanto, desde afuera llegaba el cántico de medio millar de «hinchas de Diego» que entonaba algunas estrofas del tema «La Mano de Dios», del fallecido cantante de cuarteto cordobés, Rodrigo Bueno, rodeado de varios cordones policiales.

Eran las 20 en Argentina, y mientras Maradona descendía a su sepultura, en todo su país, y en el resto del mundo, los homenajes se sucedían simultáneamente, desde una Nápoles que lo ama hasta una Alemania que lo respetó y lo evocó en el partido que jugó Bayer Leverkusen por Europa League, donde su compatriota Lucas Alario lució el número 10 en la espalda en homenaje a la figura más representativa de la historia de la selección.

Sus compañeros lo imitaron antes de iniciar el juego y luego el ex River se puso la 13 y marcó un gol que, por supuesto, se lo dedicó a quien mejor vistió los colores celeste y blanco, los mismos que él ahora también defiende.

Maradona achicó todas esas distancias, y seguramente nadie imaginó que alguna vez lo sepultaran, porque Diego era inmortal para el inconsciente colectivo, y hoy seguramente dio el salto definitivo a esa inmortalidad, porque solamente se muere cuando se olvida, entonces el «Diez» no morirá jamás.

El mismo día que Diego falleció, un 25 de noviembre de hace 15 años atrás, también murió el futbolista George Best, el «Maradona británico», que vivió y quiso jugar como él, casi como una paradoja de la relación que tuvo el astro argentino con el Reino Unido, desde la «Mano de Dios» hasta el inconmensurable «gol a los ingleses» del Mundial de México 86. Pero ellos también supieron homenajearlo en su último día.