Una sobreviviente de la Tragedia de Once aseguró que los frenos «no funcionaban bien»

Una sobreviviente de la Tragedia de Once atestiguó sobre el mal funcionamiento que habría tenido la formación que el 22 de febrero de 2012 impactó en la terminal y aseguró haber escuchado al maquinsta que hoy está procesado haber dicho que “los frenos no funcionaban”.

Norma Barrientos, cuya hija murió en el choque, dijo hoy ante el Tribunal Oral Federal N° 2 que al pasar la estación Morón escuchó al maquinista Marcos Antonio Córdoba expresar que los frenos “no funcionaban”.

«El tren paraba antes de las estaciones. Arrancaba y volvía a frenarse», describió la pasajera, quien recordó que previo al impacto le llamó la atención porque al ingresar a la cabecera del andén número dos de la estación de Once la formación “no bajaba la velocidad”.

“Pensé: ¿cuándo va a frenar?, y ahí sentí el impacto. Volé y quedé con un montón de cuerpos encima. Yo gritaba el nombre de mi hija… creí que había perdido la pierna. A las cuatro de la madrugada me enteré que mi hija estaba muerta”, relató entre sollozos.

La primera jornada de testigos en el juicio oral por la tragedia de Once tuvo momentos estremecedores por los relatos de los sobrevivientes, pero también detalles indicativos de lo que estaba ocurriendo desde antes con el ferrocarril Sarmiento.

“Viajamos como ganado. Nos pisan, nos empujan, cualquier cosa por un asiento. Hace 12 años que tomó el Sarmiento y siempre fue lo mismo”, describió la mujer, que como consecuencia de las lesiones estuvo siete meses postrada en una silla de ruedas.

Al recordar a su hija, quien viajaba sentada en el mismo vagón, se quebró y exclamó: “no sé si quiero seguir viviendo”.

Antes había declarado otra testigo, Natalia Meza, quien como consecuencia del siniestro todavía se moviliza con muletas. Su relato corroboró que “la gente después del accidente comentaba que el tren se pasó de la estación en Caballito».

También corroboró las condiciones en que viajaba en el ferrocarril: “pasa todos los días que el tren está lleno. Te empujan y subís. En los últimos años ni siquiera controlaban los boletos, nunca me lo pidieron. No vi ninguna mejora en siete años, siempre había demoras». Sobre el momento del impacto, recordó que “entró rápido a la estación el tren, pensé que faltaba más para llegar».