La caída de Boudou y el síndrome de la foto que quema

Amado Boudou quedó detenido en la causa que se lo investiga por enriquecimiento ilícito. El ex vicepresidente pertenecía, hasta marzo de este año, al entorno de Cristina Kirchner, aunque se fue alejando lentamente. De todas formas, su prontuario deja pegados a varios dirigentes de la zona oeste.

El juez Ariel Lijo avaló el pedido de detención de parte del fiscal federal Jorge Di Lello para que el ex funcionario justifique US$ 80.000 de su patrimonio, la compra de un departamento de su ex novia Agustina Kämpfer y el patrimonio de su socio y supuesto testaferro José María Núñez Carmona.

En la causa, el fiscal Di Lello analizó el informe de los peritos contadores que analizaron todas las declaraciones juradas de bienes de Boudou ante la AFIP y la OA y concluyó que «existen elementos de cargo suficientes que permiten presumir en principio que Amado Boudou se ha enriquecido patrimonialmente en forma injustificada, durante el ejercicio de la función pública».

El fiscal fue explícito en sus conclusiones: «No encuentro sustento en los ingresos registrados por el nombrado, con los consumos realizados».

La suerte de Boudou estuvo atada, como varios ex funcionarios K, al poder que pudiera ejercer Cristina Kirchner fuera del Estado. La derrota en la Provincia sin dudas aceleró un proceso judicial que, como sucedió con los delitos de Lesa Humanidad, van de la mano de los nuevos aires políticos.

Salvando la distancia entre torturadores y genocidas de la Dictadura y criminales de guante blanco en Democracia, la Justicia, más tarde y más temprano, los ha ido alcanzando. La defensa es siempre la misma: la persecución política, los fantasmas de los ’70, la presunta existencia de dos bandos.

Los José López, Julio De Vido, Amado Boudou y, dentro de poco, Cristina Kirchner, pasarán por la picadora de carne del descrédito. Y quienes hasta ayer participaban de su filas al calor del poder buscarán despegarse para seguir con vida. Algunos ya lo han hecho. Otros no tienen un plan B.

Boudou creció en el Gobierno de Néstor Kirchner como jefe de la ANSES, en reemplazo de Sergio Massa. Allí conoció a quien fuera su amigo y mano derecha en el Senado de la Nación, Juan Horacio Zabaleta, quien tras desterrarse de la política de Morón también encontró en ese organismo la posibilidad de reconstruir una carrera. La contienda electoral de 2003 contra Martín Sabbatella lo había dejado golpeado y sin futuro.

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Zabaleta siguió a Boudou al Ministerio de Economía, donde se produjeron las causas que ahora lo tienen procesado, detenido y en juicio. Pero ni bien fue electo intendente de Hurlingham, el ex concejal de Morón se despegó del ex Vice. No lo nombra, nadie se lo recuerda. Quizás es por eso que da pocas conferencias. Su actuación en estas elecciones fue pura escapatoria (de Cristina, de Randazzo, del Gobierno), en un panorama que lo aqueja.

Ni hablar de su ex archirival: Sabbatella. Construyó una imagen en su lucha contra la corrupción en Morón, para terminar al lado de los criminales más buscados de la Argentina. Apeló a la figura de Rousselot durante los 16 años que duró su gobierno, como si todo peronista de Morón tuviera marcado en la frente el sello de la corrupción.

Ahora le toca padecer ese sello que espanta. Claro que con el Cristinismo llegó a lugares que nunca imaginó. La vivió. Ahora le toca caer del cielo al suelo. Su sector no hace más que denunciar una «cacería». Muchos de Nuevo Encuentro, él mismo, están en la mira de la Justicia. Saben que también van por ellos. Y ni siquiera tienen, como muchos peronistas, la posibilidad de reinventarse. Ya se han re convertido Ahora no tienen retorno.

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