Aportantes: Un sistema de recaudación electoral que pone bajo la lupa a las principales fuerzas

La publicación por parte de la ONG La Alameda de los aportes de las últimas tres campañas electorales puso en evidencia un modo de recaudación que abarca a las principales fuerzas políticas y deja a la Justicia Electoral ante una situación compleja. La delgada línea que divide a las denuncias de las operaciones políticas empieza a ser más visible.

La Justicia argentina detectó que al menos unas siete mil personas aparecen como falsos aportantes para las campañas electorales de estos partidos, según publica el diario La Nación. Son de Cambiemos, FPV-PJ y Frente Renovador.

Los datos surgen a partir de 2013. Pero hábilmente se intentó encapsular las denuncias sobre Cambiemos, debido a que se incluyeron en los listados a beneficiarios de planes sociales y monotributistas, quienes salieron a desmentir los aportes.

Pero existen varias judiciales en curso. Una iniciada de oficio por el fiscal federal electoral Jorge Di Lello; otra radicada en el juzgado el juez Sebastián Casanello por lavado de dinero, y la que inició con la denuncia de la diputada Teresa García que se encuentra en la justicia de La Plata, y la lleva el juez Ernesto Kreplak.

La causa está a cargo de la Cámara Nacional Electoral argentina de los comicios presidenciales de 2015 y las legislativas de 2017.

En ambos casos, se investiga si hubo donaciones de «fondos negros» por parte de empresarios o particulares que hicieron contribuciones a las campañas electorales pero no quisieron figurar como aportantes.

La gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, le pidió la renuncia «preventivamente» a la contadora general de la provincia, Fernanda Inza, debido a las denuncias por supuestos donantes falsos durante la campaña electoral de 2017.

Y además, ordenó realizar una auditoría contable sobre los aportes a la alianza Cambiemos y se comprometió a bancarizar todas las donaciones que reciba si es que el año próximo decide ser candidata.

El Gobierno enviará un proyecto al Congreso para buscar una nueva ley de financiamiento electoral y partidario, con la mira puesta en las elecciones del año próximo.

La Justicia electoral investiga el caso que surgió desde el sitio «El Destape», que dirige Roberto Navarro, que apuntó a las campañas del oficialismo en la Provincia.

Sobre esa denuncia se montó el empresario de Ituzaingó Osvaldo Marasco, que negó haber aportado 50 mil pesos y presentó un escrito ante el juez Casanello (o lo quería presentar). Lo mismo van a decir quienes pertenecieron a su lista, salvo dos concejales que se mantienen en Cambiemos. El resto jugaba par el peronismo. Dos se pasaron ya de bloque.

El problema de Marasco es su credibilidad. Fue candidato de varios frentes políticos, lo mismo que su hermano, el concejal Eugenio Marasco y su esposa, Mirta Tonellato. Los Marasco también cumplieron con la lógica de los aportes en la campaña de 2013. Osvaldo por la UDESO y Eugenio por Unión PRO. Ambos fueron parte del gobierno de Descalzo y siempre saltaron de la oposición al oficialismo. La operación comenzó en agosto de 2015, cuando pasaron la interna. El macrismo los acusó de levantar fiscales, los echaron y desde entonces sufre los golpes del ex candidato.

Entre los aportantes del FPV también hay nombres conocidos. Juan Cruz Descalzo, por ejemplo. El asunto parece ser si confirman o niegan esos aportes. Todos son en efectivos. «Hay que bancarizar, para que no queden dudas», indicó Macri el jueves. Será tarea de la Justicia dilucidar quién miente y quien no. El viernes, un ex dirigente del ARI de Ituzaingó como Ricardo Belando aseguró que le «trucharon la firma». Lo patrocina legalmente un concejal peronista.

Miles de aportes en las tres últimas elecciones están bajo sospecha. Venir a decir ahora que en las elecciones hay «plata en negro» es casi un chiste, incluso para Marasco. La Justicia nunca fue a fondo. Las campañas siguen siendo dominadas no sólo por el dinero, sino también por los jefes territoriales: los intendentes. El Destape apenas mostró punta de un ovillo que tiene muchas vueltas. Lo irónico es que posó la sospecha en quienes proponen al menos un cambio.