La granada en el clásico del Oeste: El fútbol se mete en la campaña y la dirigencia corre el «riesgo» con los visitantes

Que los visitantes vuelvan a las canchas puede ser una buena noticia. O no. Dependerá de si es sólo un ardid de campaña electoral o si en verdad la dirigencia maduró y está dispuesta a correr el riesgo. El domingo, los planetas políticos se alinearon para que Ituzaingó reciba a Deportivo Merlo y todo sea una fiesta. No importó que apareciera una granada de mano debajo de una tribuna. Nada de eso es obra de la casualidad.

El artefacto, que en un primer momento el club intentó minimizar, apareció debajo de la tribuna visitante y muy cerca de las cabinas de transmisión. No estaba escondida. «Hicieron un pozo y estaba a la vista. Esto está fuera de contexto del fútbol y nos sorprendió a todos, no creemos que tengan que ver con gente de Ituzaingó ni de Merlo», destacó el titular del APREVIDE, Juan Manuel Lugones, antes del partido.

«Esto lo pusieron entre el sábado a la noche y el domingo a la mañana. En la cancha no hay cámaras de seguridad pero estamos viendo una cámara en la calle para ver quién o quiénes entraron», afirmó el funcionario bonaerense. La granada tenía todos los seguros puestos pero estaba destinada a terminar con la fiesta. ¿Qué hubiera pasado si alguien pensaba que era un «juguete» y la activaba? ¿Qué hacía suponer que no había otro explosivo en el estadio? Quizás se llegó a la conclusión de que era mejor seguir con el juego, porque no había peligro.

El problema es que la granada no fue un hecho aislado. Han aparecido otras en hospitales, trenes, sin contar las bombas caseras que se intentaron colocar (fallidamente, claro) tanto en el cementerio de La Recoleta como en la casa del juez federal Claudio Bonadío el jueves pasado.

Para que Ituzaingó recibiera a los hinchas de Merlo y, sobre todo, se iniciara el clásico tuvo que haber primero una decisión política de la Provincia de jugar con visitantes. El propio Lugones, odiado por la prensa partidaria, dejó un mensaje desde el terreno de juego, por «los trece años» que hacía que el local no jugaba con público de ambas parcialidades. Esa regla comenzó a revertirse. En 2006 se empezó a jugar sin visitantes en Primera división, debido a una disposición del entonces gobernador Felipe Solá, que no cambió (ni mejoró) con el tiempo.

Ituzaingó está entre dos fuegos. «Trabajamos mucho para jugar este partido, con los dos clubes más grandes de esta zona oeste, como para que después la prensa hable de la granada», se quejó el vice del CAI, Facundo Titunik, esta mañana. En la previa los presidentes de ambos clubes se abrazaron a los intendentes de Ituzaingó y Merlo, Descalzo y Menéndez, quienes intentaron sacar su tajada de la fiesta futbolera.

¿Pero está todo dado para que vuelvan los visitantes? ¿cambió algo? El estadio Carlos Sacaan estuvo clausurado durante un año y medio, por los incidentes ante Victoriano Arenas del 13 de noviembre del 2014. Ese encuentro fue suspendido por una feroz pelea entre barras del sur (barrios Iparraguirre, Santa Rosa y Aquino) y del norte (barrio San Alberto) del distrito. Hubo un muerto, cuatro heridos y 20 detenidos.

El estadio recién pudo reabrirse en marzo del 2016. En noviembre de 2013 Ituzaingó visitaba a Midland, sin público. Pero hinchas del CAI fueron a Merlo a alentar. Cuando les impidieron el paso abrieron fuego: un comerciante fue asesinado de un balazo en el pecho. Se llamaba Santiago Héctor Godoy (45) y era dueño de una fábrica de baterías para autos ubicada en la esquina de las calles Eva Perón y Noguera.

Pensar que un apretón de manos va a calmar a las fieras puede ser un arma de doble filo. El escorpión no fue en contra de su naturaleza, en la fábula que cuenta cómo mató a la rana que lo estaba llevando a la otra orilla. ¿La naturaleza de los barras, de sus jefes políticos, cual es?

El CAI viene recibiendo beneficios del gobierno porteño, como las tierras en las que ahora construye su «ciudad deportiva», sin que por ahora Cambiemos le pueda sacar algún rédito. La Provincia quiere (como M. Macri en la final de la Libertadores) que vuelva el público visitante en el año electoral. La dirigencia del club se abraza al negocio. En esta categoría recibe un subsidio de AFA, que le permite costear sólo el 10% de los operativos policiales. El domingo el CAI puso sólo $19 mil, cuando en la Tesorería ingresaron más de 350 mil pesos.

«Fue un día histórico para la gente del Ascenso, cuando estamos acostumbrados a ver tanta violencia. Hace tres años que no tenemos incidentes. Ayer hubo gente de todos lados, del sur y del norte. Si no se hubiera concientizado (esto) no hubiera pasado. Está claro que si hay mala fe, basta con un fósforo para que detone todo. Pero hay que asumir riesgos cuando se quiere crecer», explicó Titunik. Lo que pasó el domingo puede ser una anécdota, o un aviso apenas. En todo caso, si hay que esperar de la buena fe de todos, estamos pecando de ingenuos.