De la violencia política, al precario plan de emergencias: La parábola que surgió en una mañana de campaña en Ituzaingó

La escena se suscitó en la esquina de Martín Fierro y Segundo Sombra, como un resumen de la política local. Una militante y empleada municipal rompe un banner del candidato opositor. Predica por «un país más justo» con el logo del PJ. Cuando denuncia al 911 mediante se presenta el intendente, una mujer se desmaya. La ambulancia no viene. Vecinos le pidieron por el SAME.

No siempre se pueden resumir 24 años de historia en tan poco tiempo. Alberto Descalzo empezó a desandar la campaña, a pintar paredones, a ocupar espacios públicos, a abrir decenas de unidades básica al mismo tiempo, a intentar mostrar cara de buenos amigos, en tiempos de crisis. Aunque ni por asomo es la crisis de 2002, que lo llevó a ser ministro de Seguridad de Carlos Ruckauff, el gobernador de las zapatillas firmadas, el ministro del decreto de aniquilamiento del «accionar subersivo» de 1975.

Descalzo llegó a ser intendente de Ituzaingó en 1995. Entonces empezó a promocionar la llegada de un hospital con internación. Nunca llegó, hasta que el distrito encajó con el plan de la 125 y los hospitales del Bicentenario. El predio estaba: un lugar adquirido en un remate judicial en plena crisis de 2003. Felipe Solá fue a poner la «piedra fundacional» a fin de ese año.

 

Ituzaingó sigue sin hospital. El PAMI financió un elefante blanco que no tiene órbita ni presupuesto para ser terminado y empezar a funcionar. No lo terminó en 2015, aunque lo inauguraron. No estuvo entre las prioridades del Gobierno. La Provincia negoció financiar una guardia, como las que remodeló en los nosocomios provinciales. Lo dejó supeditado al plan SAME Provincia, por el cual se donarían ambulancias equipadas para situaciones de emergencia, sin reemplazar el servicio municipal.

El Municipio tiene un servicio privado hace 20 años. Son unidades de traslado, médicos a domicilio. El año pasado costó 38 millones de pesos. El sábado, mientras el intendente Alberto Descalzo intentaba calmar a las militantes que hacían campaña y le tajearon un banner al concejal Gabriel Pozzuto, vio como una vecina se desmayaba cruzando la calle. Según testigos, la tuvo que atender la policía, debido a que la ambulancia de Salud Protegida no llegaba. Tardó algo más de 40 minutos. Sólo atiende en el distrito, el más pequeño geográficamente de la Provincia, y aún así no puede atender el llamado del que paga el servicio.

«Dejá que venga el SAME», le gritaron al intendente. No lo permitirá, mientras no le terminen la obra que prometió hace 24 años.

Descalzo estaba allí con su hijo Pablo porque militantes de Pozzuto denunciaron al 911 que un grupo del PJ local las había agredido. Un patrullero se acercó para calmar los ánimos y que se pudiera «convivir». «Nosotras habíamos llegado a las 9 a la esquina de Martín Fierro y Segundo Sombra y plantamos sombrilla. Media hora después aparece esta señora y nos dice que era su esquina», contaron desde Cambiemos. Y agregaron: «La rubia, que trabaja en Ratti 10, fue a un kiosco a comprar un cutter y fue directo a cortar el banner, a la altura de la cara de Gabriel y de Vidal. Fue por eso que decidimos hacer la denuncia».

Atrás de la Policía cayó el intendente a ver qué pasaba. La mujer que, con los anteojos sobre la cabeza, sostiene el cartel de campaña de los Fernández se llama María Eugenia (como la gobernadora ja) Balbuena. Fue una de las agresoras, junto a Roxana González, quien habría comprado el cutter en un kiosco. Ambos son parte del equipo de la secretaria de la Mujer del PJ de Ituzaingó, presidenta del Consejo Municipal de Mujeres y pareja del intendente, Marta Pérez.