Stolbizer lapidó a Lavagna por el juego con el oficialismo: «Fue la decepción política más grande de mi trayectoria»

La exdiputada moronense Margarita Stolbizer arremetió contra su excandidato a Presidente, Roberto Lavagna, por su acercamiento al Gobierno y su falta de protagonismo político como alternativa a la grieta.

“Lavagna fue para mí la decepción política más grande de toda mi vida, de toda mi trayectoria política. Ya no me llama la atención”, afirmó la fundadora del GEN, en diálogo con Ari Paluch en Radio Colonia.

“Mi visión no tiene solamente que ver con que vaya arreglando algunas cosas con el gobierno, nombrando personas en el Gobierno, mi decepción tiene que ver con que yo creí que era la persona indicada para hacer una gran convocatoria, construir algo horizontal, más amplio, no caer en la grieta, y evidentemente terminó siendo funcional a eso», explicó la ex secretaria de la UCR nacional.

Sus críticas al Gobierno y a la reforma judicial en particular, la acercan al nuevo «republicanismo». La semana pasada auguró un futuro «más cerca de Vidal que de Massa», a quien también se acercó por oposición y necesidades, aunque nada tenían que ver uno con el otro.

Efectivamente, durante 2019 Lavagna presentó su postulación presidencial como la de una figura de consenso que reuniría a representantes del peronismo, el socialismo y el radicalismo que no se sentían identificados con Cristina Kirchner ni Mauricio Macri. Esa idea se fue desdibujando a medida que llegaron las definiciones políticas y muchos de los que habían prometido acompañarlo terminaron integrando las listas del kirchnerismo y de Juntos por el Cambio.

Lavagna mantuvo su candidatura con una apuesta independiente, participó en las primarias y reivindicó sus ideas en las elecciones generales.

Pero esa tercera posición le duró poco y rápidamente viró hacia el gobierno nacional, convirtiéndose hoy en un aliado estratégico en el Congreso. Previsible: En 2007 tras las elecciones visitó a Néstor Kirchner en la Quinta de Olivos y no volvió al ruedo político hasta 2018.

No hubo que esperar. El primer síntoma de alineamiento se conoció en noviembre de 2019 cuando el presidente Alberto Fernández designó para conducir al siempre polémico Indec al hijo del ex ministro kirchnerista, Marco Lavagna. La jugada se presentó como una apuesta a la institucionalidad, pero la idea quedó descartada cuando empezaron a sucederse otros nombramientos en oficinas estatales. Rodolfo Gil (embajador en Portugal), Matías Tombolini (Banco Nación) y Zenón Biagosch (Banco Central) son testigos de ello.

La alianza de Lavagna con el kirchnerismo se consumó públicamente en febrero de 2020. Cuando el mundo empezaba a mirar con preocupación lo que sucedía en Wuhan con el coronavirus, Fernández llevó a su flamante ¿socio? político a Escobar y lo posicionó como un actor importante en la renegociación de la deuda que recién comenzaba. Esa función fue rubricada hace pocas semanas, cuando el jefe de Estado confirmó que fue Lavagna quien lo convenció de ablandarse en los diálogos con los holdouts que arrojaron un canje de títulos con una adhesión casi total.

La amistad se trasladó al Congreso y es fundamental para los próximos pasos que pretende dar el Gobierno. Públicamente, el lavagnismo había dicho que no acompañaría la reforma judicial, pero en los canales secretos de la política se empezaron a pergeñar estrategias que probablemente le permitirán al oficialismo tener su ley.

Hay otro tema prioritario en la agenda K. Es el impuesto a las grandes fortunas. Dicen en los pasillos del Congreso que el lavagnista Jorge Sarghini ya tuvo contactos con Máximo Kirchner y Carlos Heller e incluso promovió cambios en el texto de la iniciativa. Alejandro “Topo” Rodríguez, hombre de confianza del ex ministro de Economía, habló públicamente de una idea “correcta”. La tercera integrante de ese bloque, Graciela Camaño, por ahora es más difícil de convencer.