Aeropuerto de El Palomar: Entre los reclamos por su vaciamiento y el cinismo de compararlo con la Tragedia de Once

Mientras que la empresa Flybondi despegaba por primera vez desde Ezeiza, referentes de Juntos por el Cambio inundaron con críticas al Gobierno, por el virtual vaciamiento del Aeropuerto de El Palomar, transformado en «low cost» en 2018, lo que abrió el mercado aeronáutico a las clases populares del AMBA.

«Qué tristeza que el aeropuerto El Palomar, el cuarto con mayor cantidad de pasajeros, haya sido cerrado por el gobierno. Miles de familias perderán sus empleos y muchas otras no podrán disfrutar del crecimiento que iba a traer», escribió el ex ministro de Transporte, Guillermo Dietrich. Su mensaje fue rápidamente retuiteado por el expresidente Mauricio Macri. «Tristeza» que se convirtió en tendencia en Argentina, por los cruces entre oposición y oficialismo.

Con las dos aerolíneas low cost saliendo ahora desde Ezeiza, no resultaría nada extraño suponer que próximamente el kirchnerismo duro logrará terminar con una política de signo macrista, pero que en la práctica le cumplió el sueño a varios intendentes de la zona y a cientos de miles de vecinos de tener una terminal de proximidad, cuyo pasaje fuera igual o más barato que un micro de larga distancia. Romper el molde también cosechó enemigos.

En septiembre, el camporista vicepresidente del Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (Orsna), Fernando Muriel, firmó una resolución en el que dejaba a Ezeiza como único aeropuerto habilitado en el AMBA. Aeroparque no, porque está en obras. El Palomar no, porque resulta ¿caro?.

Es difícil imaginar una regla más despareja que esta. Parte del gobierno, incluida la concesionaria AA2000, cree que tener tres aeropuertos en el AMBA es mucho. El mismo ORSNA hizo trascender que Flybondi tenía «un sólo avión». Y que para mantener a El Palomar harían falta «4 millones de pesos», porque «la pistas está destruida». Qué curioso. Porque hablamos de la primera Base Aérea del país (que evidentemente no tuvo ninguna inversión hasta 2017) y de la terminal que más creció en el último tiempo en cantidad de pasajeros. Y si no creció aún más fue por la persecución política y judicial que redujo su horario y que no le permitía volar a sus dos aerolíneas.

El Palomar es mucho más barato que Aeroparque: Este año, aún en plena crisis económica, el Gobierno gastó nada menos que $5 millones para que Aerolíneas (empresa manejada por La Cámpora) pudiera llevar un avión más grande, que amplía su capacidad regional. Fueron Flybondi y Jetsmart, desde el AEP, los que abrieron nuevos destinos, con un éxito comercial que fue la envidia de la línea de bandera (la mejor, pero a su vez la más cara del país).

La política aerocomercial nacional tuvo que hacer su propio ajuste en 2020, al fusionar a Austral con Aerolíneas. Y la moneda de cambio para los gremios aeronáuticos, que han sido fieles al kircherismo, parecería ser El Palomar. Mientras, Aerolíneas Argentinas es un verdadero agujero negro: En 2021 tendrá un déficit de US$ 564 millones. Fue la pandemia, no el EPA, la causa.

«Este aeropuerto era accesible y muchos pasajeros lo elegían porque podían llegar en tren o en colectivo. Muchas provincias dejarán de tener vuelos económicos y se verá afectada fuertemente la conectividad, el federalismo y el desarrollo del interior», publicó Dietrich. En el ORSA dicen que «no hay grieta». Y que no quieren «otro Once». ¿Podrían ser más cínicos que esto? No molesta en aquellos que anhelaron una tragedia de Flybondi, aludiendo a la del Sarmiento. Aún cuando una pasó y la otra sí, culpan a unos y exculpan a otros.

Nunca el actual Gobierno se refirió al «aeropuerto trucho», ni a la falta de controles. Pero tiene razón en que «no hay grieta» en este tema, como aparecía en la campaña de 2018. Los intendentes del viejo Morón, los tres del Frente de Todos, han pedido personalmente por la continuidad del AEP. Juan Zabaleta aseguró, incluso, que «el 80%» de los vecinos de Hurlingham está a favor de su continuidad. Es por eso que «por ahora» el Aeropuerto «no cierra».

Aunque todo conduce a eso: En vez de ampliarse para otras compañías, El Palomar se quedó sin naves, debido a que a Jetsmart y Flybondi le «ofrecieron» (por no decir presionaron para) ir a Ezeiza, pagando (por ahora) la misma tasa que pagaban en El Palomar. En el ORSNA también dejaron trascender que podrían reubicar a los trabajadores del AEP. Y así, de a poco, terminar con una política que defendió el exintendente Ramiro Tagliaferro, pero que ya en 2005 había esbozado el sabbatellismo. El intendente de Morón, Lucas Ghi, también pide por el Aeropuerto. Las partes interesadas hablan de una mudanza «temporal» de servicios a Ezeiza. Quizás sea el eufemismo más utilizado para no pagar el costo de decir la verdad.